EL MODELO DE COMUNIDADES QUE ESTAMOS LLAMADOS A IMPULSAR.
- Queremos que cada una de nuestras comunidades
sea verdaderamente reflejo y expresión de la Iglesia que Jesús fundó. Eso exige
que tratemos de reflexionar en cada uno de los aspectos que debemos impulsar.
1. La fe en Jesucristo y la vida en el Espíritu
- El punto fundamental de toda comunidad es el
reconocimiento y confesión de Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. Y esto significa
encontrarse con Él personalmente. Tener la experiencia de Pedro (Mt. 16, 16 ss):
que nos cambia internamente –eso es lo que significa que le dé un nombre nuevo- y que nos da la misión de ser sus testigos.
- Mientras cada uno de los miembros de nuestras
comunidades no tenga ese encuentro personal, aún se está lejos. Por ello hay
que evangelizar constantemente.
- Ahora bien, el encuentro personal con Jesús es
posible por la acción del Espíritu Santo. “No es la carne y la sangre sino el Padre el que revela” quién es Jesucristo
(ver Mt. 16, 17). Y el Padre actúa enviando el Espíritu para actuar en nosotros la vida nueva (Rom 8, 9-15).
- La vida en el Espíritu es una vida de comunión,
de amor, de libertad (Gal 4, 4-7).
- Estas dos dimensiones son las bases de toda Comunidad
que sea fiel a Jesús. Incluso toda la vida sacramental se orienta a hacer posible
y actual esa vida nueva en el Espíritu.
2. La organización interna de cada una de las comunidades.
- En el primer tema veíamos que la organización
de las comunidades es necesaria para poder cumplir la misión de amar y evangelizar.
- Pero lo cargos en la comunidad no crean diferencias sino se tienen que ejercer con humildad
y entrega (Fil 2, 2-5).
- Todos los cargos y ministerios deben ser ejercidos
como carismas. Esto significa reconocer que es el mismo Espíritu el que elige
y capacita para ejercer un ministerio y que la comunidad lo reconoce y se beneficia de ese ministerio.
- Cada comunidad debe implorar la efusión de múltiples
carismas en sus miembros y luego debe estar dispuesta a reconocerlos y a abrir espacio para que puedan ser ejercidos.
- Sabemos que los carismas pueden ser de tipo específicamente
espiritual, como los que Pablo menciona en varias de sus cartas (1 Cor 12). Pero
también las cualidades humanas pueden ser consideradas como carisma, si se reconoce que las mismas vienen como don que da
Dios y se ponen al servicio generoso de la comunidad. Una comunidad verdaderamente
carismática debería ser aquella en la que cada uno de sus miembros ha reconocido uno o varios carismas personales para servir
y todos reconocen el carisma fundamental del amor que une y va edificando el cuerpo de Cristo.
- Es muy importante que en cada comunidad haya
un Consejo que asesore y oriente los pasos que se van dando.
- Igualmente es necesario que se tenga un plan
de trabajo.
- Se deben organizar programas e iniciativas para
que haya espacio para cada uno: debe haber pastoral o ministerio de adultos, de jóvenes, de niños, de personas con dificultades
especiales, etc…
3. La libertad y la igualdad fundamental de todos en la comunidad.
- Cada comunidad verdaderamente cristiana, reconoce
la igualdad fundamental que existe entre todos los miembros. Esta unidad se fundamenta
en el don del Espíritu.
- Desde esa igualdad, se debe reconocer la libertad
de la que todos los miembros deben gozar.
- Los planes y proyectos que ofrece cada comunidad
deben ser vistos como puntos de apoyo y crecimiento, pero nunca como exigencias que luego dejen a muchas personas fuera.
- Se deben abrir espacios en la comunidad para
que cada quien pueda ejercer sus dones y carismas.
- No hay que tener miedo a las iniciativas de los
hermanos y sólo si tienen algo evidentemente negativo hay que corregirlo, sin cortar lo que el Espíritu podría estar impulsando.
4. La apertura para todos en cada comunidad.
- Las comunidades deben ser abiertas a todos.
- A cada uno hay que respetarlo.
- Nuestra misión de evangelizar nos lleva a proclamar
la Buena Noticia. Pero el Evangelio va teniendo consecuencias diferentes en cada
persona. Dios tiene un plan personal, único e irrepetible para cada quien.
- Hay que ofrecer los medios necesarios para que
los hermanos que caen puedan levantarse.
- No hay que cansarse de ofrecer una nueva oportunidad
a quien ha caído y se arrepiente ni tampoco de insistir a “tiempo y destiempo”, con quien está caído y no tiene
la fuerza para levantarse (1 Tim 1, 13-16).
- Nunca debemos olvidar que no son los sanos sino
los enfermos los que necesitan del médico ni que hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa
y nueve que no necesitan de conversión (Lc 15-18).
- Por eso no debemos cansarnos de abrir posibilidades
para todos y de buscar a quienes están caídos.
5. La solidaridad y la participación en la vida comunitaria.
- El acto fundamental de amor es el compartir nuestra
fe y ese será el tema de la próxima plática.
- Pero también nuestras comunidades deben desarrollar
una fuerte solidaridad ayudando a todos los que necesitan.
- En la ayuda no se debe hacer ninguna distinción
de personas. Cuando ayudamos no lo hacemos por la persona concreta sino porque
reconocemos en cada quien al mismo Cristo. Por eso, ante las necesidades no debemos
hacer distinción entre los miembros de nuestra comunidad y los demás que también necesitan.
- También es fundamental que cada comunidad se
involucre en los programas de ayuda y desarrollo comunitario. Incluso si alguno
sintiera la llamada de Dios (y no de los intereses egoístas), puede tener participación política, con tal que sea íntegro
y no utilice su posición religiosa para condicionar la libertad de los demás y lo apruebe su propia comunidad.
6. El dinamismo evangelizador y misionero.
- Para poder cumplir a cabalidad el principio fundamental
de cada comunidad, es decir, la fe viva en Jesucristo y la vida en el Espíritu, es indispensable que cada comunidad evangelice
en forma constante y sistemática.
- Eso se puede lograr a través de los Seminarios
de vida en el Espíritu, de retiros, cursos de formación, etc..
- La acción evangelizadora se dirige especialmente
hacia el anuncio y el crecimiento en la vida en el Espíritu de los miembros de la comunidad y de los vecinos del lugar en
que se vive.
- La actividad misionera se orienta especialmente
a la formación de nuevas comunidades en lugares en donde aún no existen comunidades que estén en la alianza.
- Tanto la evangelización
como la misión son dimensiones irrenunciables de toda comunidad verdaderamente cristiana.